Evidentemente no soy un orientador suizo, pero desde que leí esa noticia se ha convertido en un auténtico estímulo para mí, poder seguir corriendo aunque la cuesta sea dura, seguir sin andar aunque no se vea el final, bajando las pulsaciones para adaptar el ritmo a la pendiente y no colapsar los músculos con el maldito ácido láctico.

Por este motivo uno de mis mejores recuerdos del 2011 fue la subida que hice con IronTapi a la Peña Rubia sin pararme a andar, y un buen recuerdo de este 2012 va a ser la subida a la sima del Cabezo de la Jara. Carrera repleta de orientadores, triatletas, ultrafondistas y velocistas que me hicieron pasarlo muy mal durante los 10 primeros km, kilómetros llanos donde era adelantado por verdaderos galgos. Llego al último avituallamiento y me alcanza un pequeño grupeto de 4 corredores, empieza la parte más dura de la subida, no la conozco pero se ve un zig zag imperial que hace presagiar lo peor. Aburrido de que me adelanten, mi último pensamiento es no andar hasta el final, que los que me adelanten se lo curren. Soy consciente de que van a ser unos 12 minutos de agonía y sufrimiento, pero "sin dolor no hay gloria". Increíblemente las pulsaciones empiezan a bajar, encuentro mi ritmo de crucero, y a lo suizo alcanzo una velocidad media buena que me hace dejar atrás al pelotón que empezaba a engullirme, entrando a meta con una sonrisa de oreja a oreja.
Demasiado tiempo sin orientación, pensando en nuevos retos, nuevos desafíos, y aunque los 101 de Ronda parece que este año no van a poder ser, no por eso va a ser un mal año.